¿Qué es un coño formidable?


Para algunos resulta bastante difícil definir lo que es un coño formidable, para otros no pasa de ser una frase con explícitas connotaciones sexuales, para ciertas personas se trata de una inocente frase exclamatoria.
Para mi la cuestión es bastante sencilla, este blog es un coño formidable porque habla de coños formidables y de cosas que no son coños formidables en lo absoluto.
Hazla... opina, da palo, haz mierda, felicita, lo que sea, pero hazla.

20 de noviembre de 2008

BOLIVIA… ¿UNA SOCIEDAD MUERTA DE HAMBRE?


Siempre les dije que este blog era para que se expresen. Bueno, haciendo una peculiar excepción en cuanto a temáticas se refiere, el turno le llega a Sergio Irazoque G, quien se expresa sobre funcionarios públicos y ética laboral en la coyuntura nacional. Las ideas expresadas en este post (y en todos los escritos por otros cuates, pero se hace la aclaración puntual en este caso por su puntual temática) no necesariamente son compartidas por UN COÑO FORMIDABLE y son responsabilidad del autor.

Aunque el título de este artículo sea enérgico, no encuentro otro calificativo para gran parte de nuestra gente, que está devorando al Estado aportando nada a su desarrollo.

Me refiero a la actitud de desarrollar una actividad en la que la única meta, es hacer dinero. Esta posición es adoptada y justificada por muchas personas en Bolivia, especialmente en instituciones públicas, donde gran cantidad del personal hace del lugar de trabajo su finca.

Desde la época republicana la exclusión originó que los grupos de gente marginada, al soportar humillaciones y sometimiento, adopten actitudes de revanchismo, volviéndose complejos arraigados que siguen presentes hoy.

Con las reformas de la revolución de 1952, comenzó el proceso de inclusión y se avanzo mucho desde entonces. Aún falta bastante por hacer y sin duda la autoexclusión es limitante para un gran número de personas.

El boliviano común al sentirse menos, intenta demostrar superioridad por algún tipo de privilegio económico, hasta creer que está por encima de otros por ocupar un cargo. Cuando los motivos para realizarse como persona, debieran ser los valores humanos bien practicados y la superación profesional, comparándose con uno mismo.

En el sector público de nuestro país, muchos de los funcionarios ocupan puestos que no merecen; la forma en que los obtuvieron es generalmente a través de favores políticos o personales. Lo peor es que después de posicionarse, su desempeño es mediocre. Sin preocuparse por el perjuicio que ocasionan, debido a los pésimos resultados de su trabajo, los daños que causan a su institución y el gran atraso que sigue de ello para el país.

Además del desempeño ineficiente, se suman más problemas: defensa de posiciones con justificativos absurdos y favor de instancias que admiten este tipo de situaciones, por pasividad o por estar inmersas en el círculo vicioso donde mediocridad y corrupción se alimentan mutuamente. No solo es culpable el que hace lo indebido, también el que lo permite.

Una dificultad común para el vecino de a pie o el servidor público idóneo, es no saber cómo afrontar en la perplejidad de los primeros impactos estas situaciones, que rompen con los ideales, la formación y los procedimientos que se recibieron al aprender una profesión u oficio; se los quiere aplicar en el trabajo no por gusto, sino porque subyacen saberes y convicciones que en una persona responsable, van más allá del simple propósito de recibir una remuneración.

Por tales motivos es que al chocar con ese muro de favoritismos, roscas y círculos de corrupción, el que no encaja en esos grupos bien montados, se estrella contra ellos. La reacción puede ser variada: al comienzo pueden mermar los ideales del sujeto diferente, porque en muchos casos, si éste se anima a señalar situaciones irregulares, queda generalmente marcado como el inquisidor. Se piensa que su intención es perjudicar a los “funcionarios de siempre”.

La razón y la moral mandan a actuar ante esta realidad. Un país se construye de a poco, por eso la forma de enfrentar estas situaciones debe ser atinada. En un principio el que lo haga estará solo; al notar esa actitud, aparecerá otro que se sumará, porque no se trata de defender una posición personal, sino valores sobre los que se debe construir una sociedad.

Por la coyuntura que pasa nuestra Nación, muchos creen que ciertos grupos políticos son los culpables del retraso en el que estamos. La verdad es que cualquiera sea la sigla política, en los distintos frentes se encuentran “personas” que lo único que las mueve es el interés propio y la ambición. La persona decente, sin importar si sigue tendencias de una u otra sigla trascenderá. Lo correcto es posible cuando hay decisión de obrar con integridad.

En el lugar donde uno esté, debe siempre tener presente que lo más importante es la transparencia y honestidad. Esta es una condición para desenvolverse personal y profesionalmente, relegando intereses personales.

Cabe indicar que la educación es vital para el individuo; si ésta ha sido adecuada, las decisiones que tomará en el trabajo y en la vida, tenderán a lo correcto. Esto fomenta actitudes de lealtad.
Bolivia, tiene características de una Sociedad Muerta de Hambre, por actitudes egoístas. Independientemente del poder adquisitivo o lugar que ocupan, muchos vecinos nuestros adoptan posturas tales como, la del mínimo esfuerzo, toma de decisiones torcidas, ganar al de a lado deshonestamente, favorecer al que no lo merece; en resumen hábitos de trampa y engaño, situándose a un nivel muy bajo como persona para tener más. Lo más preocupante es que estas acciones son ejercidas por algunos “profesionales”, que hacen quedar mal a nuestro gremio.

Nuestra Nación para salir del atraso y más en esta coyuntura de cambio, requiere con urgencia que especialmente la gente que trabaje para el Estado Boliviano, sea idónea y honesta, que tenga la firme convicción de servir a su país y no servirse de él. Lo manifestado es sabido por muchos, pero es necesario refrescar la memoria para erradicar a los mediocres.

Arq. Sergio S. Irazoque Guillén